miércoles, 15 de mayo de 2013

Cuando tu colegio se parece a España.

La asignatura de "Ética" me parece una chorrada. Eso es.
Explico.
Se trata de dos horas semanales en las que analizamos una y otra vez que "el hombre es un ser social por naturaleza" y que "necesita de otras personas para desarrollarse plenamente como persona". Quizás, en algún momento fue novedad. Después bromeamos entre nosotros recitando las célebres citas éticas, pero si además pensamos en la cantidad de libros de esta asignatura, impresos con fotos por aquí y por allá, que se necesitan, ya no hace gracia.
Bueno, podría contar muchas más razones por las que me parece bastante tonta. Pero quería contar lo que ocurrió en la clase de Ética del otro día.
En este momento estamos estudiando los Derechos Humanos, y ya debatimos sobre si estaban redactados desde un punto iuspositivista o iusnaturalista.
En esta ocasión, el profesor ponía de ejemplo una sería de normas que van a aplicar próximamente en mi centro como: la longitud de la falda, los pantalones cortos, los leggins ... Y recordó la existencia de una norma que no cumplimos: salir al pasillo en los cambios de clase está prohibido. Y el castigo es un parte. Y se "supone" que con tres de esas sanciones tan temidas, te expulsan de clase una serie de días. Digo se "supone" porque hay ciertos alumno que coleccionan partes, numerosos como las estrellas del cielo y las arenas del mar, y no pasa nada.

Entonces, nos avisó que debíamos cumplir con la norma y permanecer en clase, ya que había una norma previamente establecida, y los partes llegarían. Y ahí intervine yo.
O sea, que si sales al pasillo, como hay una norma previamente redactada y su incumplimiento implica un parte, te ponen un parte.
Pero si llevas móviles, que también está reflejada en la normativa la prohibición de tenerlos en clase, no pasa nada.
Si fumas, tampoco pasa nada.
Si llevas la falda cual cinturón, no tiene ninguna consecuencia.
Y así infinidad de normas que a diario se saltan sin que nadie aplique la ley.
Pues, señores, lo que más me molesta es, sin duda, la similitud entre España y mi colegio. Veamos, en este nuestro país querido, encontramos infinidad de políticos y ciudadanos. Todos opinan y critican y vuelven a opinar, pero nadie de verdad pone en marcha soluciones. No hay narices, por decirlo finamente.
Pues en mi apreciado centro, los profesores dan charlas en cada clase sobre cómo hay que venir, qué no hay que hacer, etc. Pero luego la gente se salta las normas en sus narices y hacen oídos sordos. Claro, nadie quiere problemas.
Obviamente hay alguna excepción: todos los alumnos sabemos cuál es la única profesora que se atreve a subir al fumadero, y cuando tiene guardia, los fumadores también están alerta.

Pero, en general, se dedican a proclamar normas de conducta y convivencia, a las que no objeto nada, pero en aplicación un cero.

Resulta bastante arbitraria la forma de aplicar la ley, y me niego a aceptarla. Si estamos en el pasillo nos ponen parte, pero los que llevan móviles no pasa nada.

Pues, resumiendo lo que le comenté al profesor: ¿Ha visto usted cómo va España? Mira el colegio, cuesta abajo como el país. Si se aplican las normas de un modo tan arbitrario, no esperen que yo lleve el parte a mi casa por salir al pasillo.

Luego, claro, me llevé el sermón de mamá por hablar de más.
Perdón si falté el respeto, pero son dos horas que dan para pensar en la organización, tanto del país como del colegio.

4 comentarios:

  1. Está claro que lo que tenemos en nuestra sociedad se refleja en todos los hámbitos, incluido colegios y escuelas, las normas están para algunos, para algunos que no den problemas por aplicárselas, pero para los que pueden traer problemillas, pues,,, como que no. Un abrazo

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    1. Suele pasar.. pero en el fondo todos somos jueces del compañero pero nos falta valentía para imponer de verdad la justicia. Porque, en realidad, somos bastante vagos.
      Un saludo.

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  2. "todos los alumnos sabemos cuál es la única profesora que se atreve a subir al fumadero, y cuando tiene guardia, los fumadores también están alerta."

    Marta, aunque ahora no sé si os daréis cuenta (posiblemente no), un día descubriréis cuál era la profesora a la que de verdad le importabais.

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  3. El día que más tertulia hay después del recreo, es aquel que esa profesora ha puesto partes. Y, yo por mi parte, agradezco su compromiso con el colegio. El problema es que es una.

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