jueves, 29 de septiembre de 2011

CURSO NUEVO, ¿VIDA NUEVA?


Dos semanas ya de colegio, con clase nueva, y parece como si no hubiéramos salido nunca de allí. Las caras desconocidas solo lo fueron unos minutos, después eran antiguos compañeros. Y tras las presentaciones, tocan las pruebas iniciales en las que te preguntan cosas que no has dado nunca. Y cuando las has terminado, empiezan los exámenes de verdad. Pero entre los libros, clases, pizarras, estreno de uniforme y profesores, se va uniendo una clase.
He descubierto que los profesores no solo sirven para enseñar, algunos es lo único que saben hacer. También son capaces de rescatar a tu amiga que se queda encerrada en el baño, saben como arreglar una silla y, por supuesto, como fastidiarte el día. Cada profesor con su manía particular e insoportable al mismo tiempo, da al colegio un toque exótico. Algunos pueden llegar a ser amables y divertidos alguna vez, pero otros solo considerar tarea suya enseñar la teoría de los libros.
Es cierto que puede ser un poco desesperante encontrarte a la vuelta del verano con 32 alumnos que no recuerdan nada del año anterior. Pero la paciencia, como dijo algún sabio, es una virtud calumniada, quizá porque es la más difícil de poner en práctica.
Pero desde aquí, animo a todos los profesores a ponerla en práctica de vez en cuando.
Hay profesores que hacen de su hora un infierno, antes de que llegue te agobias porque piensas en lo que va a pasar; cuando llega tu corazón sufre taquicardias y cuando acaba miras el horario con un ataque de nervios a ver cuando te vuelve a tocar.
Pero, en cambio, hay otros profesores (muy escasos, por cierto) que hacen algo más llevaderas las clases dándonos más libertad. Nos permiten montar pequeñas tertulias mañaneras, darnos un paseo hasta secretaría a por el martillo y otro para devolverlo…
Es un nuevo curso, nuevos objetivos y obstáculos que superar. Pero para empezar proyecto, hace falta valentía. Para terminarlo, hace falta perseverancia.



viernes, 9 de septiembre de 2011

COSAS QUE ME DESCOMPONEN

No puedo entenderlo. Al parecer en mi casa el oído, musicalmente hablando, lo tienen bastante duro. Son incapaces de distinguir una voz de chica de una voz blanca de niño. Parece una tontería pero cuando llevas viviendo con esta incapacidad mucho tiempo, acaba resultando insoportable. Cuando hace dos o tres años mi hermana me enseñó una canción de Justin Bieber, sin decirme cual era su sexo, yo no pensé ni por un  momento que fuera una chica. En cambio cuando iban oyendo la canción los demás miembros de la casa su pregunta era la siguiente: “¿Es una chica?”
La respuesta era dada por mí con una amabilidad irónica, pero cuando era ya la vigésima que preguntaban, la respuesta no tenía ni rastro de la amabilidad que pudo haber en ellas.
Ya todo había quedado olvidado, pero esta semana con otra canción de un cantante distinto ha ocurrido lo mismo. Nuestro nuevo descubrimiento es Declan Galbraith el cual ahora tiene 19 años, pero en la canción de la que hablamos tendría unos 15.
El otro día en el coche conecté mi MP4  para escuchar An angel, canción del anterior cantante. Según entraban iban preguntando: “¿Es una chica? ¿Qué cantante es?” 
Fue como un déjà vu, como volver unos años atrás. Y lo que más me sorprendió es que mi actitud fue la misma. Primero respondía pero ya cuando habían preguntado lo mismo tantas veces seguidas me callaba, entonces mi madre me decía: “Marta, contesta a tus hermanos”. Les dije una y otra vez que era un chico pero ellos seguían firmes en su posición, defendiendo que solo podía ser  chica. Ante la posibilidad de que empecemos a discutir, mi madre zanja el asunto diciendo que es un niño con voz blanca que todavía no la ha madurado.
Cuando la canción está a punto de acabar, por curiosidad, pregunto:
-“¿Y cómo os imagináis una chica con esta voz?”
-“Te pregunto lo mismo ¿cómo puede ser un chico que tiene voz de chica?”-responde Javier.
Ante esta respuesta, solo puedo levantar los ojos al cielo y decir:” Dios mío, dame paciencia, pero ¡Ya!