jueves, 30 de mayo de 2013

Mucho avance sí, ¿y qué?

Hace unos meses, fui al hospital por unas pruebas de la alergia.
Era por la mañana y en la sala de espera abundaban abueletes. Siempre me llevo algunos apuntes para ir estudiando o esperar que mediante ósmosis pasen los conocimientos a mi, aunque siempre acabo estudiando a la gente de alrededor. Pues, en ello estaba cuando entró un señor mayor de esos que me "dan mucha ternura", que se te encoge el corazón al verlos.
Tenía la cara morena, con manchas del sol y se podría decir que era "un hombre a una nariz pegado".
Andaba lentamente al estilo del abogado George de 'Los aristogatos', y su ropa del siglo pasado.

"Curioso personaje"- pensé yo.

Ahora resulta que somos tan modernos que en lugar de dar en Secretaría la tarjeta y luego que vayan llamando hay una máquina en la que introduces la tarjeta y se imprime un número, y encima hay una pantalla en la que van apareciendo los números de los pacientes y la sala en la que les toca. Al más estilo carnicería.

Cuando yo llegué, no tuve ningún problema en realizar todo ese ritual para conseguir mi numerito.
Pero entonces llegó el abuelito, más de campo que una amapola, y se quedó plantado delante de la máquina, después se giró y fue directo a la secretaria y le tendió sus papeles. La funcionaria le miró de arriba a abajo y le contestó: "Ahí tiene la máquina, ¿se cree usted distinto a los demás? Siga las instrucciones".
En ese momento unos pocos de los presentes que atendíamos nos quedamos con los ojos como platos. Pero el anciano no cambió su actitud, siguió con una sonrisa y se rio entre dientes mientras respondía: "¿Han cambiado las cosas? No me haga con mi edad aprender esas cosas nuevas, ¿no me puede llamar cuando me toque?"
Y fue la mujer y empezó a gritarle que se ya era hora de que aprendiera le gustase o no, que si ella tenía más cosas que hacer...
Ahora toda la sala estaba alucinando.
El hombre se sintió ofendido y respondió (esto es literal literal que no se me olvida): "Mire usted, puede que yo no tenga mucha educación y le parezca tonto que no sepa manejar eso. Pero yo he trabajado toda mi vida y he dado a mis hijas una carrera..." Entonces la chica que estaba sentada al lado de la máquina se levantó, cogió la tarjeta al hombre amáblemente y le explicó todo. Después le hizo sitio a su lado y estuvieron hablando.

A mi lado un hombre comentó:
"Así va España: se valora más una máquina que la sabiduría de los mayores. Y la gente no se da cuenta que esa máquina está ahí gracias a los sacrificios y esfuerzos de esa gente, de nuestros padres".

Acabamos todos medio emocionados después de estar observando cómo jugueteaba con un pequeño, pero la muchacha que le había ayudado, esa lloró a moco tendido.

Y pese a que muchas veces solo nos fijemos en lo malo, hay razones para creer en un mundo mejor.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Cuando tu colegio se parece a España.

La asignatura de "Ética" me parece una chorrada. Eso es.
Explico.
Se trata de dos horas semanales en las que analizamos una y otra vez que "el hombre es un ser social por naturaleza" y que "necesita de otras personas para desarrollarse plenamente como persona". Quizás, en algún momento fue novedad. Después bromeamos entre nosotros recitando las célebres citas éticas, pero si además pensamos en la cantidad de libros de esta asignatura, impresos con fotos por aquí y por allá, que se necesitan, ya no hace gracia.
Bueno, podría contar muchas más razones por las que me parece bastante tonta. Pero quería contar lo que ocurrió en la clase de Ética del otro día.
En este momento estamos estudiando los Derechos Humanos, y ya debatimos sobre si estaban redactados desde un punto iuspositivista o iusnaturalista.
En esta ocasión, el profesor ponía de ejemplo una sería de normas que van a aplicar próximamente en mi centro como: la longitud de la falda, los pantalones cortos, los leggins ... Y recordó la existencia de una norma que no cumplimos: salir al pasillo en los cambios de clase está prohibido. Y el castigo es un parte. Y se "supone" que con tres de esas sanciones tan temidas, te expulsan de clase una serie de días. Digo se "supone" porque hay ciertos alumno que coleccionan partes, numerosos como las estrellas del cielo y las arenas del mar, y no pasa nada.

Entonces, nos avisó que debíamos cumplir con la norma y permanecer en clase, ya que había una norma previamente establecida, y los partes llegarían. Y ahí intervine yo.
O sea, que si sales al pasillo, como hay una norma previamente redactada y su incumplimiento implica un parte, te ponen un parte.
Pero si llevas móviles, que también está reflejada en la normativa la prohibición de tenerlos en clase, no pasa nada.
Si fumas, tampoco pasa nada.
Si llevas la falda cual cinturón, no tiene ninguna consecuencia.
Y así infinidad de normas que a diario se saltan sin que nadie aplique la ley.
Pues, señores, lo que más me molesta es, sin duda, la similitud entre España y mi colegio. Veamos, en este nuestro país querido, encontramos infinidad de políticos y ciudadanos. Todos opinan y critican y vuelven a opinar, pero nadie de verdad pone en marcha soluciones. No hay narices, por decirlo finamente.
Pues en mi apreciado centro, los profesores dan charlas en cada clase sobre cómo hay que venir, qué no hay que hacer, etc. Pero luego la gente se salta las normas en sus narices y hacen oídos sordos. Claro, nadie quiere problemas.
Obviamente hay alguna excepción: todos los alumnos sabemos cuál es la única profesora que se atreve a subir al fumadero, y cuando tiene guardia, los fumadores también están alerta.

Pero, en general, se dedican a proclamar normas de conducta y convivencia, a las que no objeto nada, pero en aplicación un cero.

Resulta bastante arbitraria la forma de aplicar la ley, y me niego a aceptarla. Si estamos en el pasillo nos ponen parte, pero los que llevan móviles no pasa nada.

Pues, resumiendo lo que le comenté al profesor: ¿Ha visto usted cómo va España? Mira el colegio, cuesta abajo como el país. Si se aplican las normas de un modo tan arbitrario, no esperen que yo lleve el parte a mi casa por salir al pasillo.

Luego, claro, me llevé el sermón de mamá por hablar de más.
Perdón si falté el respeto, pero son dos horas que dan para pensar en la organización, tanto del país como del colegio.

lunes, 6 de mayo de 2013

Tachando sueños

Yo tengo una lista mental con las metas que quiero alcanzar y los sueños a cumplir. Es, en realidad, un borrador. Añado y elimino objetivos a diario, según me encuentre.

Es un tema del que me encanta dar largos discursos en los que me dedico a, con una serie de pinceladas, dar una clara imagen al espectador de los pasos que me gustaría seguir.
Algunos son bastante tontos, pequeños logros que tampoco tienen mucha transcendencia. Pero otros, vuelan más alto.

Hace unas semanas, estaba yo merendando con unos compañeros de teatro y el director, me preguntó por mis planes en la vida ( Somos un grupo teatral bastante curioso, hay miembros de edades de lo más variadas, así que estamos hablando de un público de entre 15 y cincuenta y pocos años).
Me reí ante aquella pregunta, sin saber por dónde empezar.
Al final empecé por el principio y acabé por el final, sin duda, la mejor opción.

Conté desde los detalles más insignificantes hasta mis grandes esperanzas e ilusiones.

Uno de ellos, era viajar para estudiar o vivir un tiempo en otro país.

Ahora tengo en mis manos la oportunidad de cumplir ese deseo: una beca para estudiar un año en Candá.
Se supone que nada más recibirla debería haber reído, celebrado, cantado... pero no. Cuando supe que me habían seleccionado, en realidad me asusté.
Empecé a agobiarme: ¿10 meses fuera? ¿y mi familia?¿y amigos?¿y..?

Pero por miedo no se pueden tomar las decisiones.

Finalmente, tras listas de pros y contras, noches sin apenas dormir, llantinas y charlas, la decisión está tomada.

La aventura me espera.