lunes, 29 de octubre de 2012

Yo y la Humanidad


Piensas que el mundo es grande. Y lo es. Pero, quizás solo has visto mapas y mapas. Entonces, cuando sales al extranjero y conoces gente nueva, de tu edad, mayores o pequeños de otras nacionalidades, te preguntas si de verdad tú eres necesaria en el complejo reloj de la Humanidad. Te das cuenta de que, hay otro país y otras personas que viven sin que tú estés en sus vidas. El sol sale, el viento sopla, se ríen, lloran... pero tú (aparentemente) no influyes para nada en su rutina. Así que, además de quedarte alucinada por la patria de otros, te planteas, ¿es útil que yo aporte mi granito de arena?

Ahora más personal. Este verano estuve en Irlanda: precioso país, mala comida. Conocí a gente irlandesa, italiana, francesa, suiza, japonesa. Gente que ahora sigue su vida sin que esté yo con ellas. Gente que ya vivía antes de que yo apareciera en su vida. 

En estos momentos, me planteo diversas carreras universitarias sin decidirme por ninguna. Mi objetivo siempre ha sido hacer algo para el bien de la Humanidad, para mejorar el mundo y dejar un buen futuro para nuestros hijos. 
De hecho, me motivaba una frase que hay en una estampa en la cocina de mi casa: "Señor, muéstranos lo que cada uno puede hacer para adelantar el advenimiento del día de la paz universal". Mas luego, si de verdad no eres el mejor de tu campo, ¿sirve de algo ser profesor en un colegio cualquiera? ¿ser un abogado entre un millón? ¿ser ama de casa? ¿criar a tus hijos? ¿afecta en algo al mundo lo que tú hagas?
Y luego es cuando me acuerdo de esa otra frase de la Madre Teresa de Calcuta que dice: "A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota". 
Yo no sé si afectará en algo lo que haga en mi vida, a aquella familia irlandesa que me acogió, o a los italianos con los que me reí, o si influirá en mis vecinos. Lo que sé es que no podemos esperar que otros hagan nuestro trabajo, así que de una manera u otra todos debemos colaborar aunque parezca insignificante, es esencial.

sábado, 6 de octubre de 2012

Hay esperanzas, aunque se escondan.

Será la edad. Que todo se mezcla y no hay nada claro. Que todo lo cuestionas pero actúas sin pensar. Buscas, esperando encontrar, algo que ni siquiera tú sabes. Y te pintan la vida tan mal, tan difícil. Un mundo muy cruel, sin amor, sin esperanza. Te apagan la ilusión. Te quitan la esperanza en el presente.
Pues discrepo señores. Con tan solo quince primaveras, tampoco tengo una clara visión del mundo, pero sí que he encontrado, entre los escombros, razones para creer en un mundo mejor. 

Lo que te dicen en clase es que lo tienes difícil, no te animan a luchar por tus metas. Te definen "dignidad de la persona" pero no te enseñan que la vida es un regalo que hay que cuidar. Enciendes la televisión y encuentras un sinfín de malas noticias, de muertes y destrucción.

Pero ¿por qué nadie habla de las familias felices? ¿es que nadie sonríe al ver jugar contento a un niño? ¿por qué no recuerdan la gente que se entrega por los demás? ¿por qué no creen en el amor? ¿por qué no hablan de lo bella que es la vida? ¿del regalo del perdón? 

Pues aunque yo no vaya a cambiar el mundo, sí que aportaré una gota al inmenso océano de la humanidad. Mi granito de arena, para hacer posible un futuro mejor.