viernes, 15 de mayo de 2015

Querido colegio:

Han pasado ya 15 años desde nuestro primer "buenos días" . Desde entonces, has sido testigo de enfados, risas y juegos. Has visto cómo unas amistades se rompían mientras otras nacían y, unas pocas se hacían más fuertes. El camino ha sido largo y lleno de obstáculos,  hoy meros recuerdos, y que, para bien o para mal, han dejado sello en cada uno y han contribuido a lo que hoy somos.
Cómo no dar las gracias a los profesores ( a unos más que a otros) por su tiempo, su paciencia y sus lecciones. Gracias porque algunos de vosotros me habéis cuidado y habéis ido más allá de si la tarea estaba hecha o no. Gracias porque algunos sí habéis visto el esfuerzo que solo puede leerse entre líneas, y si se presta mucha atención. Gracias porque sois vosotros los que de verdad me habéis enseñado.

Me llevo lo bueno y lo malo. La frustración e impotencia de callarse mientras se pisotea todo el talento y el trabajo. Las regañinas y el ser testigo de alumnos que, sin haber dado palo al agua, pasan curso tras curso. El descubrir que, verdaderamente, tu colegio se parece a España, con sus "corrupciones", "secretos" y la ceguera ante la ruptura de las normas establecidas. El aprender poco a poco lo que la realidad puede ser, gracias a los malos tragos y las caídas.
Has visto crecer a las nuevas generaciones que lideran todos los estudios sobre educación, por la cola.
 Un sistema educativo que aplasta el talento con libros, apuntes, deberes y gritos. Un sistema educativo que lija cualquier despunte de creatividad en los alumnos. Un sistema en el que memorizar y vomitar información es sinónimo de inteligencia.
No voy a mentirte, querido colegio: has sido escenario del peor año de mi (corta) vida. Pero no me interpretes mal, no ha sido tu culpa. Ha sido un cúmulo de circunstancias.
Aun así, no ver cada mañana a los que han sido mis compañeros durante tanto tiempo, va a ser duro. Aunque, como dicen los mayores, a todo se acostumbra uno en la vida. Dentro de 25 años quizás, nos cruzaremos por la calle y nos daremos cuenta de lo rápido que pasa el tiempo.
Por último, quiero pedir perdón y disculparme por cada mala contestación que he podido dar en un momento de enfado. Perdón por hablar cuando  mis profesores ponían todo su empeño en dar la clase. Perdón por las veces que he dado mal ejemplo. Perdón por no apreciar lo que se me daba. Perdón por todo lo que haya podido hacer mal y por el daño que pueda haber causado.
Adiós a las mesas verdes, a las paredes color "suciedad", al patio del silencio, al polideportivo, a la cafetería. Adiós a las ruedas de infantil, al tobogán y al espejo amorfo del baño.
Hasta nunca digo hoy, pero posiblemente sea un hasta pronto.
Adiós colegio. Entre tus mudos muros queda todo lo pasado.
Gracias,
Marta.