lunes, 30 de marzo de 2015

Suspenso en vivir

Hace tiempo escribí una entrada que titulé "Cuando tu colegio se parece a España". Supongo que no hace falta explicar qué crítica hacía a mi centro escolar. 
Mi colegio, que me ha visto crecer (más en mi interior que en altura) desde que con 3 años empezara mis andanzas por Primero de Infantil, hasta hoy. Y en poco más de un mes se termina. 
Quién lo diría.
 Se hará raro el no ver todas las mañanas las mismas caras, y más raro cuando, pasen 10, 15 o 25 años, y te encuentres con alguno de tus antiguos compañeros por la calle y caigas en la cuenta de lo rápido que pasa el tiempo. 

Aún así, ya va siendo hora de salir de estas cuatro paredes en las que se respiran falsos consejos y lecciones sobre lo que nos espera en la siguiente etapa. Las tan típicas charlas que empiezan con un "cuando lleguéis a la Universidad..." que por más preguntas a universitarios que haces, no encuentras en qué universidad pudieron basarse tus profesores para la creación de tales sermones.

Será que estamos todos, alumnos y profesorado, quemados con esto de ir a contrarreloj por la  PAEG. Será lo que sea, pero falta una ventana por la que entre aire fresco que rebaje el olor a estancado en el tiempo que no ha abandonado el colegio en años. 


El día que me vaya, será con la mochila, por fin vacía de los pesados libros, y llena de tantas historias y amistades que, posiblemente, sea lo único que, a la hora de la verdad, merezca la pena tener.

Y cuando salga por esa puerta que por años me ha dado los buenos días y las buenas tardes, podré al fin explotar mis talentos, enfrentarme al mundo y a esos dragones a los que nos han enseñado a temer y no a vencer. Y, paso a paso, día a día, intentaré planchar las alas a los sueños que tantos libros, regañinas, comparaciones o apuntes han arrugado hasta impedir que vuelen. 

Que la vida no es un camino fácil, ya lo sé. Pero ahora me toca andarlo y enfrentarme a cada una de las piedras que se interpongan en mi andar en vez de memorizar su densidad, medidas, lugar de origen, influencias....

Escribo esto,  no tanto para quejarme, porque en el colegio ya me oyen bastante, si no por si en algún momento me vengo abajo y en lugar de alegrar a los de mi alrededor, los hundo en mi miseria, pueda volver a esto y despertar de nuevo en mi la ilusión y ganas de luchar que tenía al empezar.

Igual que, seguramente, acabe volviendo a mi colegio.

 Porque todos volvemos a casa tarde o temprano.


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