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CURSO NUEVO, ¿VIDA NUEVA?

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Dos semanas ya de colegio, con clase nueva, y parece como si no hubiéramos salido nunca de allí. Las caras desconocidas solo lo fueron unos minutos, después eran antiguos compañeros. Y tras las presentaciones, tocan las pruebas iniciales en las que te preguntan cosas que no has dado nunca. Y cuando las has terminado, empiezan los exámenes de verdad. Pero entre los libros, clases, pizarras, estreno de uniforme y profesores, se va uniendo una clase. He descubierto que los profesores no solo sirven para enseñar, algunos es lo único que saben hacer. También son capaces de rescatar a tu amiga que se queda encerrada en el baño, saben como arreglar una silla y, por supuesto, como fastidiarte el día. Cada profesor con su manía particular e insoportable al mismo tiempo, da al colegio un toque exótico. Algunos pueden llegar a ser amables y divertidos alguna vez, pero otros solo considerar tarea suya enseñar la teoría de los libros. Es cierto que puede ser un poco desesperante encontrarte a la...

COSAS QUE ME DESCOMPONEN

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No puedo entenderlo. Al parecer en mi casa el oído, musicalmente hablando, lo tienen bastante duro. Son incapaces de distinguir una voz de chica de una voz blanca de niño. Parece una tontería pero cuando llevas viviendo con esta incapacidad mucho tiempo, acaba resultando insoportable. Cuando hace dos o tres años mi hermana me enseñó una canción de Justin Bieber , sin decirme cual era su sexo, yo no pensé ni por un  momento que fuera una chica. En cambio cuando iban oyendo la canción los demás miembros de la casa su pregunta era la siguiente: “¿Es una chica?” La respuesta era dada por mí con una amabilidad irónica, pero cuando era ya la vigésima que preguntaban, la respuesta no tenía ni rastro de la amabilidad que pudo haber en ellas. Ya todo había quedado olvidado, pero esta semana con otra canción de un cantante distinto ha ocurrido lo mismo. Nuestro nuevo descubrimiento es Declan Galbraith el cual ahora tiene 19 años, pero en la canción de la que hablamos tendría unos 15. El otr...

Jóvenes de acogida JMJ Madrid 2011

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La noche del 10 de agosto estábamos todos nerviosos. Mañana llegaban los cuatro californianos que íbamos a acoger. Llevábamos tanto tiempo imaginando cómo serían que les habíamos pintado de todas las maneras posibles. En el último momento nos enteramos de que venían también unos congoleños que necesitaban alojamiento, así que decidimos acoger a otros cuatro. Teníamos la fachada de la casa adornada con tres bandera, en un lado la de EE.UU, en el centro la del Vaticano y luego a la derecha la de España. Como en el último momento se nos unieron congoleños, imprimimos una bandera de allí y la pegamos junto a la de América. Al día siguiente, éramos cinco más en casa. Los americanos: Ryan, Josué, Sara y Brynda. Y uno de los congoleños, el padre Gregoire. Decidimos poner en práctica nuestros conocimientos sobre el habla inglesa, pero cuando supimos que Josué entendía español abandonamos nuestro propósito. Cada vez que queríamos decirles algo, primero se lo contábamos en español a Josué, quien...

¡MENUDA BROMA!

La semana pasada estuve de campamento, y algo que merece la pena contar es lo que nos ocurrió el día que salimos de marcha a la montaña. Salimos todos juntos cantando, y el grupo de los mayores cargados con nuestro saco, puesto que íbamos a hacer el vivac: es decir, a dormir en plena montaña. Cuando llegamos a la falda de la montaña, donde empezaba el bosque, vimos una casa muy extraña. Tenía las persianas negras, al igual que las puertas; el tejado era también de ese color. La fachada principal estaba adornada con unas pinturas bastante terroríficas. En el friso estaba representada un águila matando un ratón; a los lados estaban dibujados unos rostros de mujer llenos de lágrimas, y, en la parte central un porche desde el que se veía un templo. Alguien dijo algo de una secta satánica, pero nadie le dio importancia y continuamos el camino. Más adelante nos separamos en dos grupos, los pequeños se quedaron en un riachuelo mientras los mayores seguimos el camino montaña arriba. Cua...

Flashmob en Toledo

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El pasado 22 de junio, los alumnos del primero, segundo y tercer ciclo de secundaria del colegio Nuestra Señora de los Infantes realizamos un baile en la plaza de Zocodover y en la del Ayuntamiento. Aquí os dejo los vídeos, que también pueden verse en youtube.                                         

La perdiz herida

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Recuerdo un día que mis hermanos y yo fuimos al parque de Los Pinos con mi padre. El más pequeño practicaba con la bicicleta, mientras los demás jugábamos en los columpios. De pronto, vimos cómo un bulto se colaba por la valla desde la carretera. A paso rápido se fue acercando, y fue entonces cuando distinguimos que era una perdiz. Pasó por delante de nosotros y vimos que estaba herida "de muerte", según alguien añadió. Mis hermanos, viendo que estando el animal herido tendrían más posibilidades de cazarla: se lanzaron en su persecución. ¡Cómo corría la perdiz! Subía la pendiente con mis hermanos detrás; con ellos aún tras ella empezaba la bajada y aterrizaba rodando en el suelo. Con mucha paciencia y carrera, conseguimos llevarla hasta el arenal de unos columpios mientras, oíamos a lo lejos disparos. En la finca que estaba al otro lado de la carretera estaban de caza, de allí, supusimos que venía aquel animal. Ya en el arenal, tras la larga huida, la perdiz no podía más. H...

La vecina cotilla

El pasado lunes, mis amigas y yo quedamos para dormir en casa de una de ellas. Preparamos en el patio de atrás de María un colchón hinchable de viaje, donde dormimos tres, y en el "cubanito"(un sillón de playa) las dos restantes. El plan era no dormir en toda la noche, pero a las 4:30 de la madrugada solo quedábamos Carmen y yo, separadas en el colchón por Ana que dormía profundamente. Nos habían dicho que a las 5 empezaban a pasar aviones y que los podíamos ver, así que decidimos quedarnos despiertas. Para pasar el rato empezamos a cantar (en bajito) y nos contamos nuestras vidas, porque tiempo no faltaba.  Cuando vimos  el primer avión y lo comentábamos, notamos que mientras hablábamos, en la finca de atrás sonaban pasos. Mandé callar a Carmen en voz baja, y como si lo hubiese gritado, esos sonidos pararon también. Mi amiga me preguntó la causa de mi orden, y yo lo susurré. Para demostrárselo retomé la conversación de nuevo mientras ella atendía a lo que ocurría detrás de ...