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¿Y qué pasa con el otoño?

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Preciosos los árboles cambiando de color que te hacen sentir que el otoño te envuelve. Cuando miras por la ventana. En cuanto sales fuera te das cuenta que hay algo que no encaja, que se han saltado un escalón. En octubre y ya es invierno.  Por las mañanas unos 0 grados me dan los buenos días, y las plantas y tejados congelados me acompañan hasta el colegio. Abrigo, bufanda, gorrito, guantes y botas se han convertido en mis mejores amigos. Y el cambio de temperatura ha sido de un día para otro. Vamos, ha sido un golpe bajo. Además, es que esto no es España que tus amigos te abrazan si hace frío. Aquí se mantienen las distancias y con el frío te acuerdas un poquito más de casa.  El jueves pasado fui a Toronto con otros ochos estudiantes de mi instituto, entre ellos Anna también, a una conferencia de colegios de Ontario. Fue una paliza: slimos a las 4:30 de la mañana, llegamos a las 9:15. Conferencia y a las 2 de vuelta. En el autobus ibamos con otros colegios de Wi...

Verano 2013, un recuerdo único al baúl.

Así es. El verano 2013 va capitulando, y lo hace por la puerta grande. Ha sido un verano para el recuerdo. Nunca lo olvidaré, y no es que haya que decirlo siempre al empezar un nuevo curso, es que me ha enseñado muchas e importantes cosas. Voy a intentar explicarlo con un ejemplo, y os aviso que en mi familia son un poco raros. Cuando no sabes qué decisión tomar y decides lanzar una moneda al aire y que ella sentencie con su cara o cruz qué hacer, en el momento en el que está en el aire, sabes de qué lado quieres que caiga. Pues aunque os parezca (y quizá tengáis razón) que es una chorrada lo que estoy diciendo, es el resumen de mi verano. Solo hay que hacer algunos ajustes a la explicación. Cuando te vas para un periodo largo, en ese momento, te das cuenta de quién realmente te quiere y a quién realmente quieres. Pues gracias a esta beca cuyo fin es conocer la cultura canadiense y mejorar el inglés, he sabido a quién importo y quién es importante en mi vida. He aprendido, de...

Nos separa un charco. Pero 6.381,14 kilómetros, imponen.

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En general, la gente me toma por una chica dura y fría. Pero en el fondo soy de lo más sensible. Y no voy a mentir: me encanta llorar. Aunque sea por una tontería, porque cuando te calmas te quedas más tranquila. Sacas fuera un poco de esa tensión, nervios, tristeza o alegría que llevabas dentro. Y con esto de irse diez meses a Canadá, pues las despedidas abundadn. Unas no son muy emotivas pero otras... otras son de las que duelen. Sabes que no es tanto tiempo, que puedes seguir hablando. Pero no vas a tener sus abrazos, besos, sonrisas cómplices, miradas...  A mí, que sigo emocionándome con la muerte de Mufasa en El Rey León, no os podéis imaginar lo que lloro al decir adiós (con sabor de "hasta pronto"). Aunque aquí me queda una semana, ya hay personas que llevo sin ver un mes. Y a ellas, en lugar de diez meses, serán once sin verlas. Y no lo quiero pintar tampoco tan triste, porque va a ser una experiencia genial. Que voy por voluntad propio, que yo acepté esa beca...

¡Hasta la vista!

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Es importante rodearte de buena gente que te vaya a ayudar. De amigos. Van a ser los que te arropen y empujen a seguir adelante. A veces, quizá, no te das cuenta de quiénes van a estar ahí. Pero cuando llegan los momentos difíciles o más complicadillos, se quedan los de verdad. Ya sabéis que me voya a Canadá, que me costó decidirme. Pero que finalmente, me voy. Pues ayer quedamos unas cuantas amigas para bañarnos en casa de una de ellas, supuestamente. Cuando llegué, resultó ser una fiesta sorpresa de despedida :') Me emocioné varias veces. Como para no hacerlo. Había distintas pancartas, os las pongo aquí: Como broche final me pusieron un video de despedida que me habían preparado. Eh, genial. Con las bromas que juntos hemos compartido y las tonterías que solo nosotros entendemos. Hasta profesores se animaron a participar. Yo solo puedo dar las gracias de corazón una vez, porque son especiales y aunque no lo sepan son esas palabras de ánimo que me empuj...